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Historia de Francia y los orígenes de Francia
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En el último cuarto del siglo V, cuando la autoridad imperial romana decayó en la parte occidental del Imperio, otra tribu germánica, formada por los francos salios, conquistó la Galia. Su rey, Clodoveo I, fue un valiente guerrero que contrajo matrimonio con una princesa cristiana burgundia. Clodoveo se convirtió al cristianismo en el 496. Al adoptar la forma católica del cristianismo favorecida por los galorromanos en lugar del cristianismo herético arriano profesado por los visigodos, pudo consolidar su dominio sobre el país.

Los merovingios

La dinastía de Clodoveo, los Merovingios, denominados así por su fundador, Meroveo (reinó entre el 448 y el 458), gobernó hasta el año 751. De acuerdo con la costumbre franca, todas las posesiones del rey, incluso el título real, se dividían a su muerte entre sus hijos. Debido a esta práctica, la Francia merovingia se caracterizó por una continua desunión que culminó en la guerra civil del siglo VI.

El reino se unificó de nuevo en el 613 bajo Clotario II (613-629) y Dagoberto I (629-639). Después comenzó a decaer con el mandato de una serie de reyes débiles e incompetentes. Durante este periodo, el poder comenzó a concentrarse en manos de los mayordomos de palacio, oficiales reales que administraban personalmente los territorios del rey. Entre ellos surgieron conflictos, reminiscencias de los que habían aparecido entre los primeros merovingios. A finales del siglo VII, un mayordomo de palacio, Pipino de Heristal, miembro de la familia de los Arnulfung de Austrasia (región del este de Francia y del oeste de Alemania), adquirió preeminencia sobre sus rivales y extendió con éxito su autoridad sobre los reinos francos de Neustria y Borgoña hacia el oeste y el sur. Le sucedió su hijo, Carlos Martel, quien reunió un ejército franco que repelió la invasión musulmana procedente de la península Ibérica en el 732 en la batalla de Poitiers. En el 751 el hijo de Martel y su sucesor, Pipino el Breve, depuso a Childerico III, el último rey merovingio, y fue coronado rey de los francos por san Bonifacio.

Los carolingios

La nueva dinastía —posteriormente denominada Carolingia por su miembro más destacado, Carlomagno— se consolidó con la alianza que estableció Pipino con el Papado. A cambio de la ayuda de los francos contra los lombardos, que estaban invadiendo el territorio papal en Italia, el papa Esteban II (III) aprobó la pretensión al trono de los carolingios y, en el 754, viajó a Francia para ungir a Pipino y a sus hijos con los óleos sagrados, al igual que los profetas ungieron a los reyes bíblicos de Israel. Pipino a cambio venció a los lombardos y entregó la región de Ravena al Papado, dando lugar a la aparición de los Estados Pontificios. A la muerte de Pipino (768), su reino fue dividido entre sus hijos Carlos y Carlomán, el cual falleció tres años después, lo que convirtió a Carlos (luego Carlomagno) en rey de todos los francos hasta su muerte en el 814.

El rey Dagoberto
Carlomagno

Los primeros años de su reinado estuvieron caracterizados por las campañas militares que llevó a cabo. Al igual que su padre, luchó en Italia, tanto a favor del Papa como en su propio beneficio, y conquistó Lombardía. Realizó campañas en la península Ibérica contra los musulmanes y los vascones y estableció un territorio fronterizo denominado la Marca Hispánica, origen de la futura Cataluña. En el este luchó contra los bávaros y los ávaros y anexionó sus territorios, Baviera y Panonia respectivamente. Realizó igualmente campañas contra los sajones (772-804) en Alemania, a quienes sometió y obligó a convertirse al cristianismo. En el año 800, Carlomagno fue coronado por el papa León III en Roma y recibió el título de Emperador de los Romanos. No había habido un emperador en las antiguas provincias occidentales del Imperio romano desde el siglo V. Carlomagno estableció un vasto sistema administrativo para gobernar su Imperio, dividido en unas 250 provincias. Reunió a las principales escuelas de Europa e inició un programa de reformas intelectuales y religiosas. Carlomagno capitalizó la residencia real en Aix-la-Chapelle, su balneario favorito de primavera (actual Aquisgrán, Alemania).

Después del año 800, los vikingos procedentes de Escandinavia comenzaron a atacar las áreas costeras de los dominios carolingios. Sin embargo, el impacto de esas invasiones no cristalizó hasta el reinado del sucesor de Carlomagno, Luis I el Piadoso, al que coronó emperador el mismo Carlomagno en el 813. Los ataques vikingos y una sucesión de problemas que tuvieron lugar tras el reinado de Luis I el Piadoso significaron el inicio de la decadencia del Imperio carolingio. Luis procuró establecer una sucesión ordenada, decretando en 817 que su hijo mayor, Lotario I, heredaría el Imperio y que sus dos hijos menores, Pipino de Aquitania y Luis II el Germánico, gobernarían reinos subordinados al mismo. Posteriormente, el emperador tuvo un cuarto hijo, Carlos, con su segunda esposa, que no estaba dispuesta a que su hijo fuera excluido de la herencia real.

El imperio de Carlomagno
Los hijos de Luis I se enfrentaron duramente entre ellos y también contra su propio padre. Un acuerdo temporal entre tres de los hermanos fue concertado a través del Tratado de Verdún (843), según el cual Lotario obtendría el título imperial, además de una gran franja de territorio que se extendía desde el mar del Norte hasta la desembocadura del Rin y que comprendía Roma. Luis II el Germánico recibió los territorios al este del Rin, y Carlos el Calvo los territorios al oeste del Ródano, el Saona, el Mosa y el Escalda. El territorio de Luis es el antecedente de la moderna Alemania, el de Carlos lo es de la Francia actual y el de Lotario ocupa los territorios por los que han tenido lugar frecuentes enfrentamientos entre Francia y Alemania en los tiempos modernos. Aunque esta particular división no se mantuvo, la separación de Francia Occidentalis (el reino Franco Occidental, o Francia) de Francia Orientalis (el reino Franco Oriental, o Alemania) permaneció hasta la actualidad. Encarta